top of page

La felicidad de parecerse a los demás

  • Writer: Margen
    Margen
  • Jun 9
  • 3 min read

Yo diría que la mayor parte de mi vida tenía muy bien definido cómo soy y cómo quiero ser.


Desde muy pequeña siempre fui muy fiel a mí misma, a lo que pensaba, a lo que me gustaba y a cómo quería —y no quería— vivir mi vida.


Crecí en una cultura donde existen estándares para todo y son bastante marcados. Como sabía tan bien quién era, podía ir fácilmente en contra de ellos si no eran lo que yo buscaba.


Por ejemplo, en temas de belleza siempre hice lo que me dio la gana. En temas de a qué dedicarme profesionalmente, también. En cuanto a la moda, también. Y en cuanto a mis relaciones, a cómo las buscaba o mantenía, también.


Fui feliz durante mucho tiempo, y diría que esa felicidad iba de la mano con mucha libertad.


A pesar de esta libertad que sentía al decidir y vivir mis cosas, también era un poco como nadar contra la corriente. Por eso, en muchas ocasiones me sentía estancada o atrapada de alguna manera, porque sentía que nadie era como yo.


Comencé a sentirme sola en un mundo donde parece que todos quieren ser ellos mismos, pero los atrapa una máquina de estandarización que nos hace a todos iguales.


Es por eso que, poco a poco y sin darme cuenta, por no querer sentirme sola cambié algunas cosas.


Aunque pensara de manera diferente, actuaba como todos para tener esa felicidad y compañía que pensé que tendría.


Sin embargo, fue todo lo contrario.


Todo empezó a ir a peor.


Y digo peor porque, en realidad, comenzó a afectarme mucho a nivel de salud mental y, por consecuencia, física.


Igual que la mayoría, solo ignoraba cómo me hacía sentir estar “estandarizada” y continuaba mi vida sintiéndome ahogada por dentro, pero ante la gente con una sonrisa.


Tomé la decisión de mudarme de país.


Pensé: bueno... esto será para mejor. Podré ser más libre. Encontraré personas diferentes.


Sin embargo, me topé con algo que me sorprendió, diría que incluso más de lo que esperaba.


Llegué a una cultura más abierta con el “sé uno mismo”, sí, pero lo que era estándar de belleza seguía siendo lo que era.


Y eso a mí me llegó a afectar mucho porque mi situación no era la misma.

En este nuevo lugar tenía que encajar sí o sí.


No tenía empleo.


No tenía casa.


No tenía nada.


Y aunque traté bastante de encajar, no pude.


Terminé por enfermarme un montón.


Sentía que fui una tonta y que no merecía felicidad, porque no era como la mayoría.


Tardé mucho en darme cuenta, pero logré cambiar mis pensamientos al menos un momento.


Tuve que pausar un momento y pensar, porque lo que sí tenía claro es que quiero vivir feliz, y eso no estaba pasando.


Así que, estando en esta situación, pensé en lo siguiente:


Hay peces de agua salada y peces de agua dulce.


Hay unos que comen algas y otros que comen peces.


Algunos son grandes y otros pequeños.


Unos viven en el fondo y otros casi en la superficie.


Todos diferentes.


Con funciones diferentes.


Y para nosotros es similar.


¿Por qué encajar?


¿Y por qué ser diferente?


Yo diría que se trata de encontrar un balance.


Hace mucho aprendí que hasta los animales tienen normas en la jungla y que nosotros también las necesitamos por supervivencia y convivencia.


Hay cosas en las que sí podemos amoldarnos.


Pero también creo que todo aquello que no te permita ser tú mismo es innegociable.


Hoy puedo decir que hay miles de cosas que hago como los demás y que me hacen sentir feliz.


Pero esas cosas que hago en mi intimidad, o con mi familia y amigos, que para otros serían motivo de vergüenza o simplemente no compartirían, son innegociables para mí.


Para mi bienestar.


Y para sentir, al final de cada día, que viví como quise vivirlo.


Sin arrepentimientos.


No, no está mal parecerse a los demás.


Y tampoco está mal hacerlo para tener amigos o trabajo.


Lo que no está bien es perdernos en el camino.


Es no adaptarnos y querer ser copias.


Es no preguntarnos si realmente queremos algo o si lo queremos porque lo vemos en redes.


Es pensar cada día: ¿y si soy yo misma, qué?


Es buscar eso con lo que nació todo el mundo.


Es entender que, si necesito a alguien que sepa posar como modelo de manos, buscaré a alguien a quien le interese.


Pero si a mí nunca me ha interesado, ¿por qué tendría que interesarme ahora?


Durante mucho tiempo pensé que ser feliz consistía en tener cierta cantidad de amigos, vestirme de cierta manera o parecerme a determinadas personas.


Y, sinceramente, aún lo pienso a veces.


Quisiera tener más amigos.


O vestirme de cierta manera.


Es por eso que, casi todos los días,

tengo el siguiente pensamiento:


Quizá todos nos parecemos más de lo que creemos y somos más distintos de lo que mostramos.

 
 
 

Comments

Rated 0 out of 5 stars.
No ratings yet

Add a rating
bottom of page